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lunes, 22 de septiembre de 2014

FRANCHESCA

CODIGO 32
Por Eugenio Taveras
Tomé mi bulto de viaje, y en lugar de introducir en él la vestimenta para partir fuera de la ciudad, ocupé su espacio para colocar documentos que llevaría a un cliente en el centro de la ciudad de Santiago de los Caballeros, Rep. Dominicana.

Mi carro, uno cualquiera de una ruta de las tantas y de más que tiene en circulación la ciudad, lo abordé en la 17 de Abril esquina Abúa Rodríguez del sector Pueblo Nuevo.

La impresión que recibí al abrir la puerta del casi falleciente cacharro se convirtió en un rechazo involuntario hacia las piernas tatuadas en toda su extensión de esa imberbe que ocupaba el primer puesto a la derecha del chofer de uno de los carros de la Ruta U.

La joven vestía falda corta, blusa desmangada, cabellos despeinados y un semblante de que lo mínimo que le había salido minutos antes fue el diablo en persona y puso pies en polvareda y escapó de suerte de una muerte inminente.

Mi presunción no estuvo tan lejos de la verdad, porque al entrar expresé:  “chofer, esta vaina no anda bien, nosotros no andamos bien, el mundo no anda bien, es más, no el mundo, mi país, nada anda bien”, a lo que él me increpó diciendo, ¿por qué?, para luego responderle:  no, por nada.

Ya frente a la Junta Electoral nos detuvimos y él le preguntó a la niña, ¿y entonces que hacemos?, y ella le respondió, -no sé, tengo que llamar a un señor que me va a recibir.  Esa expresión la dijo antes de yo preguntarle ¿te sabes el teléfono de ese señor?, -sí, me respondió, -dámelo, -829-303-7818, -cuál es su nombre, -Chano, rin rin rin rin, -alou (me responde), -Alou, es Chano, -sí, -un momento, -toma, -Chano, yo voy en un carro de la U y voy a coger un taxi para que tú me lo pague allá; suspenso, silencio, me entrega el celular.
Le pregunté, -¿qué te dijo?, -que no está ahí.  El carro sigue detenido, pero esta vez en la Ave. Hermanas Mirabal.  El chofer le pregunta, -Qué vamos a hacer?, -Yo no sé, yo no tengo dinero y él (Chano) me iba a esperar para pagar el pasaje del taxi.

El chofer emprendió la marcha y ya en la antigua Anselmo Copello y casi llegando a la Ave. Circunvalación, me dijo que le marcara de nuevo.  Lo hice, al instante me devolvió el teléfono más confundida que nunca.  Le pregunté y yo mismo respondí con otra interrogante, -qué te dijo?, verdad que te cerró?, ella movió la cabeza en afirmativo.

Una tercera llamada, a pedido de ella, no sin antes decirle, -la voy a hacer, pero él no quiere hablar contigo, te abandonó-.  El celular de Chano sonó, sonó,… para luego escuchar el automático grabado de la empresa Tricom.

Sabiendo que se había fugado de un refugio existente en Las Palomas, Santiago, denominado Hogar Crea; que se escapó porque no le gustaba estar ahí, y que había llegado trasladada desde Santo Domingo, según sus propias versiones, le pregunté, -a qué edad caíste en las drogas, -a los 14, -entonces te fugaste de ese lugar porque vas a volver a ellas, -no, me fui porque no quería estar ahí, -y no tienes más personas a las que puedas llamar, mamá, papá, hermano, un amigo, alguien, -no, llamé a mamá y tenía el celular apagado, -y un amigo de los que conoces en tu mundo, -no.

La historia inició su fin inconcluso cuando me desmonté en la Vicente Estrella esquina Mella.  Ella me dijo:  gracias señor.  La mirada que me dispensó la noté salida de sus órbitas, quien sabe pensó que en mí había encontrado la solución, y así pudo haber sido, sin embargo, la impotencia en la que me encontraba atrapado, no me dio paso a pensar en una salida, eso solo sucedió cuando el carro emprendió de nuevo su marcha, justo cuando me llegaron a las neuronas tal vez dañadas del cerebro una y mil soluciones llenas de rabia por no haber tenido la capacidad de buscar un escape a tan amarga situación  llena de verdades y mentiras … pero ya era tarde.

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