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domingo, 5 de agosto de 2012

Estados Unidos se convierte en un laberinto de injusticia

CODIGO 32
'Si eres pobre, negro o hispano, tienes alta posibilidad de acabar mal preso o incluso deportado por un simple ticket de tráfico' The New York Times.
Por Johan Rosario 
Basta un sólo acto de injusticia en cualquier rincón del país para que todo el sistema nacional se vaya de bruces. La ley es buena en democracia cuando se aplica en igualdad de condiciones, a todos, sin distinción de credos ni diferencias económicas o de razas. Estas lapidarias palabras son de Hillary Clinton, rostro actual de Estados Unidos ante el mundo. Paradójicamente caen como anillo al dedo para retratar lo que en estos momentos está sucediendo en la Villa de Haverstraw. 

Usando como sombrilla un almibarado discurso de protección a la ley, las autoridades del Condado de Rockland han comenzado un agresivo e inmisericorde plan, largamente acariciado, con el que persiguen botar, de modo paulatino pero firme, a la casi totalidad de hispanos que radican en este pueblo. Las primeras hebras de la historia fueron nítidamente visibles varios años atrás, pero es hoy cuando se ha podido tirar de todo el hilo: la idea es crear una atmósfera de miedo. En ello, neurálgicamente, descansa el pulmón que bombea de aire esta retorcida estrategia.

El Fiscal del Condado, Tomas Zugibe, le dijo a una televisora local, Telemedio Digital de nombre, que la ley debe ser cumplida en todas sus partes y por cada uno de los ciudadanos, sin excepción. Y eso es más que cierto. Sin embargo, el carácter selectivo de las redadas que en los últimos meses han tenido lugar en la Villa niegan las palabras del máximo representante del sistema judicial en la zona. Se ha estado a la caza exclusivamente de dominicanos, y eso es algo que ha saltado a la vista de todos. El resultado natural es que hay temor colectivo, y con ello, ansias de emigración entre los criollos de esta localidad. 

Cargos exagerados

Aunque lo ha negado, la Fiscalía no sólo ha penalizado a los vendedores de lotería, sino a los jugadores. 'Quienes juegan no corren peligro. Sólo los vendedores', le dijo el fiscal Zugibe a dos periodistas locales. No obstante, los casos de Pepe Germosén y José Luis Henríquez contrastan con esa aseveración. Ambos comerciantes han sido hasta amenazados con deportación por supuestamente jugar números y portar los papeles encima en el momento de las redadas. Los cargos que la fiscalía le ha impuesto son a todas luces exagerados y fuera de contexto. 


En ninguna parte del Estado de Nueva York se sanciona tan severamente la venta de Lotería. En Haverstraw, en cambio, la oferta de la Fiscalía es injusta, irracional y divorciada hasta del sentido. Amparándose en la ausencia de experiencia en estas lides, condiciones de pobreza y demás limitaciones de los acusados, la fiscalía está empujando a que los dominicanos arrestados se declaren culpables cuanto antes, 'para rebajarles las penas'. 

Un gancho imperdonable, porque una vez resueltos los temas criminales, la próxima instancia es la verdaderamente letal y peligrosa: la de inmigración.

En Manhattan, Bronx, Brooklyn, Queens o Long Island, un vendedor de números es arrestado y se le colocan cargos por violación menor. Los imputados salen libres en 24 horas, tras pagar una multa que ronda los 300/400 dólares. En Haverstraw puede que terminen en República Dominicana, removidos de Estados Unidos, gracias a los temararios cargos que la la fiscalía hoy 'busca negociar'.

Cambio de estrategia y el caro precio pagado por una ingratitud

Los latinos han tenido su encuentro con el demonio al haber votado en 2008 contra Francis 'Bud' Wassmer, el ex Alcalde que protegió ampliamente los intereses de la comunidad hispana. ´Mientras yo esté dirigiendo esta Villa ningún dominicano o hispano será molestado por algo tan irrelevante como el tema de los números, teniendo nosotros de frente tantas situaciones que sí ameritan intervención oficial. Sin mi firma y anuencia, la policía no puede asediar a mis amigos tamborileños. Así de simple lo pintaba Wassmer, y lo cumplió a cabalidad mientras se desempeñó como primer ejecutivo de este pueblo. Sin embargo, muy en contraste con la flexible postura de Wassmer, el Alcalde del presente, Michael Kohut de nombre, contando con la anuencia del consejo de la villa -en el que se cuentan varios dominicanos- ha dado luz verde a todas las agencias de la policía estatal y federal para penetrar a Haverstraw prácticamente a recoger dominicanos como sacos de papas´ y a desbaratar brutalmente a la vasta comunidad criolla radicada en estas tierras. Las consecuencias de haber castigado inmerecidamente a un hombre que trató con indulgencia y bonhomía a los latinos no han tardado en manifestarse.

El plan perfecto de las presentes autoridades de la Villa, del Alcalde y los propios consejales dominicanos incluidos -duele decirlo- comienza a arrojar sus réditos. Muchos dominicanos están saliendo presurosos de Haverstraw, mientras otros vislumbran hacerlo en breve. 'Nuestros propios concejales apoyan que se nos acorrale. Los dominicanos que tienen puestos en la Villa están abiertamente a favor de los operativos selectivos y discriminatorios', nos comentó en condición de anonimato un sobrecogido comerciante con varios años en este pueblo, enclavado en una majestuosa e imponente cordillera al Norte del Estado de Nueva York. Precisamente esa condición de apacible comunidad es la que parece estimular el desmedido afán de muchos anglosajones por nuevamente hacerse con el control de la villa. Atesoran este pueblito rural porque, pese a sus calles estrechas y fachada campestre, es un verdadero rescoldo para la paz espiritual. 

La que ahora se advierte es una lucha, que si bien antes fue sigilosa, hoy se libra en frentes distintos, adquiriendo nuevos matices. Quieren al estratégico pueblo minado de rostros blancos y encontraron la grieta perfecta para que a largo plazo el plan funcione a pedir de boca: Los Números de Lotería Dominicanos. 

Comerciantes desesperados

El maestar en la comunidad se acentúa cuando el rol policial se ve a menudo reducido al 'combate' de simples transgresores de tránsito y vendedores de clandestinas loterías. Hay creciente disgusto por el aparataje con que han sido manejados los más recientemes allanamientos la mayoría de bodegas dominicanas de esta localidad.

Llueven las quejas de comerciantes cuyos negocios han tenido sustanciales bajas en los últimos tiempos por la difundida idea de que 'hay una cacería antihispana', impulsada por la franja de 'blanquitos' que desde hace tiempo apuestan por hacerse con el control total del pueblo. Para mantener a raya el crimen verdadero en un pueblo relativamente pequeño, no se necesita tanto escándalo ni perros amaestrados destrozando artículos en humildes negocios latinos 'en búsqueda' de supuestos alucinógenos que bien saben las autoridades están en otro lugar y en otras manos. La policía puede perfectamente flanquear a los vendedores de drogas, asaltantes, depredadores sexuales, proxenetas y propulsores de otros delitos, sin llegar al extremo de amedrentar una mala tarde a toda una pacífica población, principalmente a la hispana. Una cosa es combatir a los malhechores y otra muy distinta intranquilizar exclusivamente a un segmento, sembrando miedo y desazón focalizado, en una renovada muestra de 'apartheid' y práctica de perfil racial, lo que se desmarca incluso de la Constitución. La policía tiene que continuar su patrullaje ordinario, día a día, a pies incluso, pero seguir jugando al gato y al ratón con quienes sustentan el aparato productivo de la zona, constituye una gravísima distorsión de enfoque. ¿Qué ganas con arrestar a un bodeguero que vende lotería y números internacionales, mientras al que vende abiertamente drogas y las consume al aire libre, con gran desfachatez y descaro, lo dejas proseguir cómodamente con su ilegal y maldita actividad? Es eso equitativo y apropiado? Claro que NO. Es por ello que la comunidad hispana de Haverstraw debe levantarse al unísono en contra de los inmerecidos atropellos recientes y condenar el trato casi de Medio Oeste Moderno que le han venido conferiendo las autoridades, cuando ni remotamente lo es. La caldera hierve y uno a veces nota que las autoridades subestiman un detalle sin dudas peligroso: el puerco está por retorcer el rabo, y cuando lo haga, las consecuencias pueden ser que el agua contenida en el balde que hierve, batida por la ira y el justificado encono, los salpique directamente a ellos en sus propias caras.

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