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martes, 14 de febrero de 2012

San Valentín: Las caricias son el lenguaje del amor

CODIGO 32
Estudios recientes no sólo confirman la importancia de la comunicación táctil en el hombre, sino sus beneficios en la salud. No en vano, el cuerpo humano posee unos cinco millones de terminaciones nerviosas. Así que ofrézcale el regalo número uno de nuestra lista de 50 a su media naranja y acaríciela con ternura.

Por Llum Quiñonero.

Dicen que las caricias son el lenguaje del amor, ¿quién lo duda? Sin embargo, andamos por la vida hambrientos de piel, abandonados de abrazos, huérfanos de ternura... Las consultas de los expertos están repletas de solitarios por libre o en pareja que han perdido la costumbre de disfrutar de ellas, de comunicarse con la piel abiertamente. Sin embargo, son el mejor regalo. No sólo porque en el roce con el otro aprendemos de nosotros mismos, sabemos cuáles son exactamente aquellas miradas que nos derriten, los abrazos que nos sosiegan; sino porque, además, se consigue un bienestar psíquico y hasta beneficios para nuestra salud.

Así lo demuestra un estudio reciente de la Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos), que ha analizado las reacciones químicas y hormonales que se producen en los cuerpos ante el contacto. Según sus comprobaciones, las mujeres responden a las caricias con una desaceleración de su presión sanguínea; sin embargo, cuando las caricias son recibidas por los hombres no hay ningún cambio en su presión arterial. En el caso de ellas, también se produce una estimulación del cerebro que hace que éste produzca oxitocina, una sustancia que desacelera el corazón. En ellos, podría significar que la testosterona puede cortar los efectos de la oxitocina. Ahora, los expertos tratan de averiguar qué ocurre, por qué los hombres se resisten más que las mujeres a las caricias si no tienen una finalidad sexual.

Pase lo que pase con la oxitocina o con la testosterona, hombres y mujeres necesitan, lo sepan o no, tocar y ser tocados. Para Cristina Corbella, terapeuta sexual y psicóloga, miembro de la Asociación Garaia de Sexología, de Bilbao, “las caricias son esenciales para la salud física y también para la emocional y generan unos lazos de intimidad más profundos que ningún otro tipo de contacto.

¿Por qué son tan placenteras? Sencillamente porque estimulan la segregación de endorfinas, sustancias naturales sintetizadas por el organismo humano, con efectos semejantes a la morfina pero sin sus efectos secundarios; así que cada vez que experimentamos placer, cuando sentimos estados de euforia y felicidad o cuando nos invade la particular sensación de disfrute que provoca el enamoramiento o el contacto afectuoso y tierno con nuestra pareja, estamos generando endorfinas”.

Temor al rechazo. Pero hay quienes se sienten inseguros, tensos ante las caricias, y se muestran torpes para expresar el propio afecto a su pareja. “Una niña o un niño poco tocado en su infancia, cuando se convierta en adulto difícilmente se entregará para relacionarse en profundidad con otra persona; incluso le costará expresar cariño por temor al rechazo. A veces, tal comportamiento se resuelve con una psicoterapia o a través de una pareja firme y afectuosa, capaz de generarle confianza en sí mismo y en la proximidad que nunca tuvo”, afirma Francisco Cabello, psicólogo especializado en terapias sexuales.

El cuerpo humano adulto posee como media cerca de dos metros cuadrados de piel que contienen aproximadamente cinco millones de diminutas terminaciones que actúan como transmisores de las sensaciones, nos mantienen en contacto con el medio, nos protegen de él, nos proporcionan información sobre lo que necesitamos, lo que nos da placer o lo que nos duele o nos molesta.

Los investigadores aseguran que la carencia de caricias durante la infancia tiene graves efectos para la vida adulta y que los bebés necesitan para su desarrollo saludable que se les toque. Para la terapeuta norteamericana Phyllis K. Davis, autora de El poder del tacto (Ed. Paidós), “la estimulación táctil del bebé aumenta su habilidad general y su capacidad de aprendizaje”. Pero esa necesidad no termina en la infancia.

Nos tocamos poco y, según avanza nuestra vida social, el contacto físico va en descenso. Se seduce con la palabra, a través del chat, se toca el corazón con el mensaje corto, a través del móvil, o por medio de una imagen o de un sonido. Pero, ¿cuándo entramos en contacto físico? Luis Segura afirma que muchos jóvenes, virtuosos de la conquista cibernética y virtual, se inhiben ante el acercamiento cuerpo a cuerpo. Parece que la vista le ha ganado la partida al tacto, que actúa como estímulo de barrera que nos dificulta llegar al cuerpo. Jesús Navas, cirujano y dermatólogo, miembro del Departamento de Dermatología de la Clínica San Carlos de Alicante, es tajante: “Podemos vivir y crecer sin vista y sin oído, pero no sin tacto”.

“El acto de tocar –asegura la norteamericana Davis–, puede comunicar más amor en cinco segundos que las palabras en cinco minutos. Abrazar a alguien que ha tenido un mal día puede ser más curativo y reconfortante que todas las palabras de apoyo que seamos capaces de articular”.

Para Segura, “si no nos acariciamos, nos convertimos en una especie de analfabetos emocionales que desconocemos en buena medida el lenguaje del corazón. Ese lenguaje necesita expresarse de muchos modos pero uno, esencial, es a través de la piel, nuestro órgano emocional y sexual más importante”.

Encorsetados. Así, caricia es todo aquello que nos hace sentir bien y, según Corbella, “no hay técnicas ni recetas, ni se puede considerar que una sea mejor que otra; la más adecuada es justo esa que nos hace sentir mejor en ese preciso momento. Es la manifestación de una emoción, importante por sí misma, que nos une intensamente con el otro”.

Es por ello que, en opinión de Segura, “el contacto físico es una fuente de salud y de felicidad al alcance de nuestra mano; tocándonos expresamos mejor que de ninguna otra manera ternura, alegría, deseo, amor, una infinidad de emociones llenas de matices, imprescindibles para comunicarnos con aquella persona a la que más unidos estamos. Estamos tan encorsetados por las pautas de conducta sociales que nos alejamos de nuestras sensaciones; tocamos escasamente a los otros salvo con un fin preestablecido, sea un saludo o una despedida, incluso el acercamiento físico a nuestra pareja tiene con frecuencia el único objetivo de la relación sexual que, así planteada, resulta cada vez menos satisfactoria y plena”.

Para facilitar a las parejas un acercamiento físico, hay juegos que ayudan a desinhibirse, son aquellos en los que se dejan de lado los gestos más estrictamente sexuales para centrarse en la expresión de ternura y de cariño con caricias repartidas por el cuerpo, sin más finalidad que tocarse, olerse, mirarse, sentirse. “Se trata de un proceso de investigación del propio cuerpo y del cuerpo del otro, para descubrir y disfrutar la sensibilidad de cada cual. Si nos damos confianza, sin esperar que nada ocurra, centrándonos en lo que sucede ahora, estamos abriéndonos al placer que proporcionan las caricias, aprendiendo a distinguirlas, a disfrutarlas”, analiza Corbella.

Según la experiencia clínica del psicólogo Luis Segura, “si una pareja se comunica bien en su relación sexual, difícilmente no lo hará en otros terrenos, lo que no significa que no haya conflictos, sino que estos se afrontarán con la confianza necesaria para buscar las soluciones”.

La pareja necesita tiempo y espacio para compartir. “Hemos de darnos tiempo para descubrir qué nos da placer”, afirma Corbella. “Si nos permitimos conectarnos con las caricias sin esperar nada más a cambio, estamos abriendo nuestra piel al placer”.

El contacto sexual es una forma más de comunicación, una respuesta voluptuosa de la piel en la que las caricias se convierten en protagonistas. Como asegura Francisco Cabello, “cuando acaricias a alguien no le estás pidiendo que se desnude, sino que te abra el corazón, lo que pretendes y quieres es que cuente contigo.

En la medida en que estemos más satisfechos de caricias, de contacto, necesitaremos menos del sexo explícito. Todos, jóvenes o ancianos, necesitamos ser tocados y tocar, acariciar y ser acariciados, porque el tacto es también la experiencia y un intenso acto de comunicación en sí mismo”.

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