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domingo, 19 de febrero de 2012

El presidente de EE.UU que se hizo amigo de los marcianos

CODIGO 32//CULTURA Y SOCIEDAD

Vivimos en un mundo tan cutre que Eisenhower no pasará a la historia por ser uno de los grandes presidentes de EEUU. A diferencia de otros valientes que no pegaron un tiro (como Aznar o Bush), él vio morir a tantos de sus muchachos durante la II Guerra Mundial que nunca se permitió ser un 'halcón'. Le paró los pies al tarado de McCarthy,  inició el camino contra la segregación racial que otros continuaron y advirtió del problema para una democracia del poder del complejo militar industrial.

No, por culpa de algunos memos pasará a la historia por algo que no hizo: ser el primer presidente de EEUU que se entrevistó con los marcianos y les apuntó en la puerta para que pudieran entrar en la Tierra y, a cambio de información genética de los humanos, ellos le darían su tecnología.

Es lo que le gusta decir -para vender libros- a gente como Timothy Good (foto), un ex asesor del Pentágono y del Congreso menos importante de lo que él pretende (en realidad, es un músico al que llaman algunos frikis con cargo público). Este vendedor de burras a tiempo completo asegura que Ike no se reunió una vez (como se decía hasta ahora) sino hasta tres con seres de otros planetas para llegar a una entente cordiale.

Por lo visto, en Febrero de 1954, Ike estaba de vacaciones en Palm Spring y tuvo un repentino dolor de muelas que le obligó a ir al dentista. Como eso no hay quien se lo crea, algunos  empezaron a investigar y descubrieron la verdad: los marcianos, a falta de whatsapp, le mandaron un mensaje telepático para verse. Según Good, en esas kedadas hubo muchos testigos, tantos que no cita a nadie que pueda confirmar su historia.

Ike creó entonces una especie de gobierno en la sombra conocido como el Majestic 12 (MJ 12), encargado de asuntos marcianos y formado por los responsables de la principales ramas del gobierno (la CIA, el ejército, la marina...). Su existencia se conoció en 1984 gracias a que varios investigadores como Bill Moore o el propio Good recibieron de forma anónima una serie de documentos reveladores. A día de hoy -tras la evaluación del FBI o el trabajo del difunto Phillip Klass- no cabe la menor duda de que son una patraña. Pero ¿quién estaba detrás?

Muchas escépticos creen que la falsificación se produjo dentro de la propia comunidad ufológica (Moore es el primer sospechoso), pero esa teoría ya no se sostiene. El problema es que la alternativa más probable -que la mentira se urdiera en alguna oscura oficina del Gobierno americano- no gusta ni a los ufólogos recalcitrantes (quieren sus marcianos) ni a los que no creen en los ovnis

Estos le tienen más miedo a a admitir una conspiración que un talibán al jamón de Jabugo. Explicarlo llevaría varios posts, así que me remito directamente al excelente libro de Mark Pilkington Mirage Men, que espero que alguna editorial traduzca pronto al español.

Bill Moore fue el hombre que dio a conocer los documentos MJ 12 (y que revitalizó el caso Roswell). Como él mismo reconoció en una mítica intervención en el congreso de Mufon de 1989, había trabajado para el AFOSI (el servicio de inteligencia de la fuerza aérea) como informante para el gobierno e intoxicador dentro de la parroquia ufológica. Su contacto era Richard Doty, un tipo aún hoy tan misterioso que no tiene ni entrada propia en la Wikipedia, pese a que es a las black ops sobre ovnis lo que Einstein a la física.

Resulta increíble la de casos conocidos en los que aparece su nombre. Doty fue, probablemente, la persona que también hizo nacer la mitología de que varias razas del espacio vivían en la Tierra (el caso Serpo) y uno de los protagonistas del proyecto Beta, que se saldó con el suicidio de Paul Bennewitz. Siempre ayudó a contribuir el mito de la presencia alienígena en este planeta y la existencia de un gobierno en la sombra. ¿Lo hacía a nivel personal o en nombre de AFOSI? Probablemente, depende del día.

Los marcianos ni existen ni van a venir, no vaya a ser que les estafemos. Pero miles de personas -la exopolítica es la nueva ufología- sí lo creen. Son gente que además piensa -o puede llegar a pensar- la Tierra es hueca, que hay una colonia  de medio millón de personas viviendo en Marte, que los viajes en el tiempo están a la orden del día, que nos ocultan que desde Tesla existe la energía gratuita o que las varias docenas de razas alienígenas que hay en el planeta llevan a cabo una guerra soterrada que los medios de comunicación nos ocultan.

Son todo eso, pero además son gente que en lugar de ver Gran Hermano se pasan el tiempo leyendo. Leyendo tonterías, dirán algunos, y yo estaré de acuerdo. Pero ¿y si en lugar de estar entretenidos como marcianos dedicaran sus blogs y su tiempo a analizar otras cuestiones más serias? Creo que al menos una parte de la explicación de lo que pasa es que hay un esfuerzo por parte de algunos para que la ufología no solo no muera, sino que siga siendo un imán para los frikis y mantener viva la ceremonia de la confusión.

La ufología y la exopolítica (aunque no solo) han contribuido como pocas otras actividades a crear un clima de psicosis con ramificaciones en todo el mundo. Así, cualquier cosa que ocurre es una conspiración, y cuando aparece una auténtica es casi imposible distinguir a un investigador serio de un chiflado. Han creado una halo de paranoia en el que todo el mundo está al servicio del gobierno menos el que habla, en el que Wikileaks o Anonymous solo pueden ser campañas orquestadas desde el gobierno.

Moore (o Timothy Good) son algunos de los que han impedido que el estudio de uno de los fenómenos sociales más fascinantes de la última mitad del siglo XX madurara. No digo que todo esté creado y dirigido por unos misteriosos hombres de negro, sino que su papel ha sido más importante a la hora de forjar la mitología ufológica de lo que a algunos les gustaría admitir. Por suerte hay quien, como Pilkington, ha vuelto a poner sobre la mesa esta hipótesis que merece seguir siendo investigada.

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