CODIGO T.V, MITOS Y LEYENDAS, NOTICIAS, REPORTAJES, CHICAS, KINCUTY Y PAVOLO, POLITICA

sábado, 10 de diciembre de 2011

María Victoria, la olvidada reina de España

 CODIGO 32 // GALERIA DE FAVORITOS 
Por Juan Antonio Cebrián
Esposa del efímero monarca Amadeo de Saboya, fue una mujer de exquisita educación y dotada de una espléndida belleza. Intentó sin resultado agradar a sus nuevos súbditos españoles, mostrando un espíritu solidario y abierto que la condujo a protagonizar diversas obras sociales, como la creación de la primera guardería infantil que se abrió en nuestro país.

María Carlota Enriqueta nació en París el 7 de agosto de 1847. Era la primogénita del matrimonio formado por el noble piamontés Carlo Emanuele dal Pozzo –príncipe della Cisterna– y de la condesa belga Luisa Carolina de Mérode. María era un precioso bebé de cabellos rubios, ojos azules y tez pálida, todo un paradigma de belleza tal y como se estilaba en aquella época.


Cuatro años más tarde nacería Beatriz, su única hermana, junto a la que recibió una esmerada instrucción académica con preceptores de primerísimo nivel que se volcaron en la educación de las niñas. En 1852 la familia se trasladó a Turín para instalarse en el antiguo palacio de los Cisterna, donde las jóvenes completaron su extensa formación cultural.

A decir de los cronistas, la princesa María disfrutaba de gran popularidad entre sus convecinos, quienes la llamaban afectuosamente la rosa de Turín por el porte y belleza de los que hacía gala.
Sin embargo, aquel luminoso futuro que se abría ante ella se oscureció de forma abrupta el 25 de marzo de 1864, tras la inesperada muerte de su padre y la posterior enajenación temporal de su madre. Ésta obligó a sus dos hijas a permanecer encerradas junto a ella y velar durante más de una semana al difunto príncipe. El hecho marcaría profundamente a las dos adolescentes, en especial a Beatriz, quien moriría un mes más tarde a causa de la impresión que le produjo el suceso.
Por su parte, María permaneció enlutada y sujeta a la prohibición materna de poder disfrutar de fiestas o reuniones. Así, se empezó a gestar una leyenda romántica en torno a la hermosa, pero desgraciada, princesa que no pasó desapercibida para el apuesto Amadeo de Saboya, segundo filogenético del rey italiano Víctor Manuel. El monarca vio con buenos ojos que su hijo pretendiera la mano de la adinerada muchacha.

El 30 de mayo de 1868 se celebraron los esponsales también cubiertos por la desgracia que parecía perseguir a María. En los días previos a la boda, una de sus doncellas apareció ahorcada en extrañas circunstancias, sosteniendo en sus manos el traje de novia destinado para la futura duquesa de Aosta. De igual modo, la jornada de la ceremonia se entristeció con diversos incidentes y muertes de algunos invitados.

A fines de 1870 la historia de Amadeo y María adquirió un giro drástico tras la petición de las Cortes españolas de que el príncipe italiano ocupara el trono de España [sucediendo a Isabel II, exiliada tras la revolución de 1868] . Por entonces ya habían nacido Manuel Filiberto y Víctor Manuel, los dos primeros hijos de la pareja. La noticia fue acogida con inmensa alegría, y el propio Amadeo se apresuró a viajar hasta su nuevo país de adopción mientras su esposa se recuperaba de los rigores del parto de su segundo vástago.

Finalmente, el matrimonio se pudo reunir en la primavera de 1871, justo cuando los rumores sobre las constantes infidelidades del frívolo Aosta provocaban la sorna en los mentideros de una villa y corte que no aceptaba la imposición de reyes extranjeros. Incluso las clases populares y la rancia nobleza hispana hicieron causa común contra los recién llegados, a los que llamaban despectivamente el Macarroni y la Cisterna.

A pesar de todo, los flamantes soberanos intentaron ofrecer una cara amable a esa sociedad que les rechazaba y procuraron dar muestras de cercanía y solidaridad, siendo sobrios y austeros en sus gastos en contraposición a la exagerada pompa que rodeaba a la institución monárquica. La propia María Victoria, quien había elegido su segundo nombre como homenaje a su insigne suegro, se prodigó en actos benéficos y llegó a inaugurar, gracias a su aportación económica, la primera guardería infantil que se abrió en España, dedicada a los niños de las lavanderas que trabajaban en las riberas del río Manzanares.

Como sabemos, el reinado de Amadeo I apenas se prolongó dos años. En febrero de 1873 renunció a la corona, según dicen, muy triste por la incomprensión recibida, aunque alentado por su esposa, quien había tenido su tercer hijo Luis Amadeo en esa España que ahora debían abandonar. El matrimonio se instaló en la ciudad de San Remo, donde María Victoria, aquejada de una tuberculosis, falleció el 8 de noviembre de 1876, acaso su último pensamiento voló hacia el reino que no quiso reconocer su innegable dimensión humana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios de los lectores no deben ser ofensivos a personas e instituciones,de lo contrario nos revervamos elderecho de su publicación o no