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sábado, 25 de diciembre de 2010

Los perros realengos (viralatas) del alcalde están ladrando

CODIGO 32
TAMBORIL.-Los perros realengos del alcalde de este municipio están ladrando y lo hacen para proteger la basura con que los alimenta su amo, quien se los ´´achuba´´ a los periodistas y  personalidades que lo critican o a quienes no se han dejado tratar  de la misma forma como   intima a sus  caninos hambrientos.

Son viralatas enviados a ladrar por un amo que para ser ejecutivo municipal  compró conciencia en busca de impunidad, pero no pudo embaucar a los verdaderos cerebros, a los que quisiera sepultar con las voces de sus perros.

Sus pérfidos ladran desde el cabildo, en reuniones y donde quiera que encuentran  la oportunidad para soltar sus a alharacas envenenadas, pero sus ladridos tienen tan poco valor que no atemorizan ni a un niño recien nacido.

Gruñen sin fuerzas y sin moral, porque buscan proteger a un  amo que se cobija,  junto a ellos en una casa construida con techo de cristal y que cualquier piedra  lanzada por el vecino fácilmente le parte la cabeza.

 Con  sus aullidos los viralatas del alcalde se delatan y dicen al mundo quien es su dueño y el por qué los alimenta con basura, huesos y migajas que les deja caer para que se embullen o sean cómplices de un mamotreto administrativo.

Con sus alharacas el alcalde quiere quitarse el traje oscuro y manchado por  su pasado para que sus perros se lo pongan a personas a las que no les encaja porque no son de su talla.
 
Esos perros realengos se pasan de listos y no saben ser precavidos, faltándole asi el respeto a viralata de tener la habilidad de mirar a ambos lados antes de hablar. Caminan en tierras movedizas, a veces cruzan los rieles sin ver llegar el tren  y están cruzando por encima del peligro que les asecha.

Son perros realengos que visten trajes morados y que en la búsqueda de oportunidades tienen la destreza de abrir funda con su hocico sin romperla, y de voltear cualquier canasto de basura sin importar el tamaño, porque  hay que buscarse la comida

Como todo realengo, son perros cobardes porque desde que alguien se agacha a recoger algo o abre la boca para decir algunas palabras corren más que Félix Sánchez, pero esos realengos no saben que el amo los conoce y sabe el poco valor que ellos tienen.

Este es un regalo de navidad que en enero puede ser doblado si los ladridos de los viralatas  así lo ameritan.

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